soy una de las afortunadas que pasa sus días de verano (teletrabajo y vacaciones, incluídos), rodeada de familia. literalmente embebida.

durante algunos años, este planteamiento estival me generó más estrés del necesario. no solo vivirlo, sino pensarlo: era acercarse las fechas, y empezaba a invadirme el malhumor.

con el tiempo, he optado por lo de que «si no puedes con el enemigo, únete». y me intento tomar las cosas con filosofía, humor y momentos de soledad de madrugada. es más que probable que inicie el curso con más ojeras de las que metí en la maleta, pero qué sería de mí sin esas noches de bohemia y de ilusión, con mi blog, mi serie o mi lectura.

el caso es que, un agosto más, me encuentro en mi Gran Hermano particular, conviviendo con unas cuantas familias políticas que me recuerdan cuán diferentes somos los humanos.

cuñados y cuñadas, de todos los colores y coloras. los que no hacen nada, y los que quieren hacerlo todo. todos con una única cosa en común: que el resultado sea siempre a su gusto,

y te ríes, porque te ríes. pero también hay momentos en los que te ríes por no llorar. y momentos en los que quieres llorar, pero no puedes, porque no tienes dónde.

este verano me hallo, de nuevo, sumergida en un mar de relaciones de pareja con digamos que un curioso enfoque de lo que es el amor, en medio de rencillas entre hermanos que vienen de demasiado lejos, capeando tensiones entre cuñados que no parece que vayan a amainar.

y me encuentro, esa vez más que nunca, siendo un involuntario confesionario de unos y otros, que me vienen con sus duelos y quebrantos. y reconozco que esto, a ratos, se me hace bola. porque todos tienen su parte de razón, y si hicieran algo tan fácil como poco habitual en las familias, como es hablar, estoy segura de que se aligeraría la vida de todos.

pero me da que no va a poder ser. así que voy a tirar de esos recuerdos que te llenan el alma, de la escritura y de la lectura (estos dos me dan que van a ser pelín utópicos), y del chat de amigas, y a disfrutar del verano que son dos días.

y tú qué, entonces, ¿el verano bien, o en familia, como el mío?

¡sígueme y no te pierdas nada!

4 comentarios sobre “qué tal el verano, ¿bien o en familia?

  1. En verano, con el calor y las altas temperaturas en las horas clave del día es conveniente tener a mano un ventilador o aire acondicionado para evitar posibles golpes de calor e insolaciones.

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