quiero practicar slow life, ¡y lo quiero ahora!

«hijo, por favor, ¡un poquito de paciencia, con el ‘mamá, necesito’ y el ‘lo quiero ahora y lo quiero ya’!» ¿te suena este mantra?

intentamos por todos los medios que los niños frenen sus ansias de inmediatez. venga relojes de arena, venga juegos de turnos, nos planteamos incluso iniciarles en el yoga, el mindfulness…

y, al tiempo, nosotros mismos, engullimos series sin anuncios, sin esperar al capítulo semanal, sino de carrerilla, en forma de maratón.

y escuchamos a nuestros amigos por wassap, no sólo en asíncrono, porque no tenemos tiempo para hablar un rato con ellos, sino poniéndoles voz de pitufo que no llega al baño, para que la cosa dure lo menos posible.

para mi, que algo podríamos estar haciendo mejor.

«sevende» ha empezado a seguirme en instagram. tengo miedo.

el martes estuve cenando con unas amigas. una de ellas se muda en breve, y está reformando una casa. sí, es verdad, igual lo de en breve es más eufemismo que decir Melendi solo ha perdido un poquito de voz. pero a lo que voy, que estuvimos hablando de reformas, decoración, segunda mano, y así.

el caso es que el jueves por la mañana, sin que mi perfil tenga nada relacionado con decoración, obras o similar, descubro que una cuenta de venta de muebles de seguda mano me acaba de empezar a seguir.

¿y esto cómo se come? porque a mi se me hace bola.

la mejor manera de saber si tu historia te gusta es leerla, porque desde dentro no hay perspectiva

esta frase se la he leído a Sol Aguirre, y me ha parecido una verdad como un templo.

es más, creo que quizá sea la razón principal por la que, inconscientemente, nunca me atrevo a escribir mi propia historia. que no es que considere que he de darla a conocer a la Humanidad. por oye, lo mismo a mis nietos…

pero sí, me ha hecho plantearme seriamente que esa pereza, que asumo es la que me frena a la hora de ponerme a escribir lo que he vivido, es en realidad miedo.

así que ya solo me queda sacar la pluma a pasear. ¿quién dijo miedo?

sentimiento de culpa, ¿tú no sabes lo que es, no?

se me ocurrió hacerle está pregunta, creyendo saber la respuesta. Pero la realidad siempre supera la ficción.

«¿de culpa de qué?«, fue la respuesta.

no hay más preguntas, señoría.

¡sígueme y no te pierdas nada!

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