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¿cómo me gustaría que me recordasen mis hijos?

hay una pregunta que todas nos hacemos, con más o menos frecuencia, según el miedo que nos dé enfrentarnos a ella. ¿cómo me gustaría que me recordasen mis hijos?

a mi me impone bastante, no por el recuerdo en sí que de mí quede en el futuro, sino por la presión que ejerce en mi presente. y es que, según como quieras que te recuerden mañana, es como debes ser y actuar hoy.

pero, a pesar de eso, o quizá precisamente por eso, es una cuestión en la que intento pensar con relativa frecuencia, para así tratar de reconducir mi día a día hacia donde quiero.

de algún modo, creo que la tengo interiorizada, porque cuando detecto que estoy unos días más gruñona (eufemismo de ogro en lejía) de lo normal, ya no me paro a pensar si el motivo (excusa) es la falta de sueño, el exceso de trabajo o problemas en el pasaíso varios. lo que me viene enseguida a la cabeza es la imagen que estoy proyectando y que se quedará en la memoria, da igual cual sea el origen. no quiero que me recuerden como alguien que «se quejaba mucho, aunque sus motivos tenía».

¿cómo me gustaría que me recordasen mis hijos? pues así a priorí, me gustaría que que cuando me recuerden, no puedan evitar sonreir. eso será muy buena señal.

me gustaría que me recordaran mirándoles a los ojos y sonriendo, sabiéndose escuchados y comprendidos. en algún momento leí o escuché a una madre decir que sus hijos le recordaban de espaldas, haciendo las cosas de la casa. y desde entonces, de verdad que friego en escorzo si hace falta, pero no mantengo las conversaciones mirando a la pila. todo puede esperar.

y que me recordasen contenta, aún cuando me toca hacer algo que no me gusta hacer. aquí si tengo camino que recorrer (en ello estoy), porque me cuesta la misma vida no echar pestes demasiadas veces. no quiero enseñar que no hay que quejarse y aguantar con alegría, no. es que estoy aprendiendo que hay que tratar por todos los medios de cambiar eso que no te gusta. y que este cambio, se conseigue un 95% replateándote la forma en que afrontas las cosas. porque incluso en las que no puedes cambiar, el cómo te afectan sí puedes manejarlo.

me encantaría que me recordasen como un apoyo que siempre estuvo ahí, en la cercanía y en la distancia. como una referencia, su punto de seguridad. por eso trato de escuchar mucho, y de hablar también. de contar y que me cuenten.

y como una madre divertida. aunque eso lo veo complicado, porque siempre acabo siendo el poli malo. es lo que tiene cargar con la responsabilidad, algunas veces por decisión, otras por omisión.

en resumen, esta frase que oía ayer, y que me impulsó a escribir este artículo, creo que engloba perfectamente todo lo anterior.

como una madre feliz

Sonsoles Ónega

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