ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir”. esta frase, que algunos atribuyen a Oscar Wilde y otros dicen que es un proverbio chino, y que formará parte de la siguiente remesa de mis frases para pensar, es la que parece estar rigiendo mi comienzo de verano.

pero no es por eso por lo que viene a colación, sino porque está relacionada con un cuento popular chino (tengo el oriental subido) que leí hace poco, y que me impactó porque contiene una gran verdad.

y es que la cosas pasan, en muchas ocasiones, sin que sepamos muy bien porqué, y sin que podamos influir en ellas. y esto hace que, a priori, no sepamos si lo que nos sucede es en realidad señal de buena suerte o mala suerte.

aquí dejo la historia 👇. y al final, mis reflexiones al respecto.

" 
en una pequeña aldea, vivían un campesino y su único hijo, cultivando el campo sin más ayuda que sus manos.
una mañana, un caballo salvaje bajó de las montañas y entró en su granja. el hijo lo vio y cerró la puerta del cercado, para que no pudiera escapar. enseguida, los vecinos del pueblo les felicitaron por la suerte que habían tenido de conseguir esa ayuda sin que les hubiese costado nada. el campesino, sin embargo, les decía sin inmutarse: "¿buena suerte o mala suerte? ¡quién sabe!"
al día siguiente, el campesino y su hijo descubrieron que el caballo se había escapado. los vecinos no tardaron en decirles cuantísimo lo sentían, "¡qué mala suerte!" el campesino, sin embargo, les decía sin inmutarse: "¿buena suerte o mala suerte? ¡quién sabe!" poco tiempo después, el caballo regresó junto con algunas yeguas y potrillos. los vecinos, aplaudieron de nuevo su suerte.
el campesino, sin embargo, les decía sin inmutarse: "¿buena suerte o mala suerte? ¡quién sabe!" pero cuando el hijo trató de domar algunos de esos caballos, se fracturó una pierna. "¡vaya mala suerte!", le decían los vecinos al saberlo.
el campesino, sin embargo, les decía sin inmutarse: "¿buena suerte o mala suerte? ¡quién sabe!" mientras el hijo seguía recuperándose, estalló una guerra, y entró el ejército en el pueblo para reclutar a todos los mayores de dieciocho años. al ver al joven de 20 años incapacitado por la lesión, le dejaron allí y continuaron su camino. una vez más, muchos vecinos se acercaron a felicitar al campesino por su buena suerte, pues sus hijos sí habían tenido que ir a luchar.
el campesino, sin embargo, les decía sin inmutarse: "¿buena suerte o mala suerte? ¡quién sabe!"
"

así, esta historia, que podría seguir cuanto quisiéramos alargarla, demuestra cómo nunca se sabe si lo que uno cree que es lo peor que le puede pasar, en realidad es una oportunidad.

no en vano dicen que cuando se cierra una puerta, se abre un ventana.

así que dejemos que corra el aire, que más nos vale.

¡sígueme y no te pierdas nada!

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