todos los domingos, tomábamos el aperitivo en una cafetería. yo tendría 4 años, si llegaba, y hablaba mucho, y muy bien.

aquel mediodía, tuvo la mala suerte de entrar una mujer que, por lo que me recuerda mi madre cada vez que puede, no era demasiado agraciada. se sentó en otro taburete, a poca distancia de nosotros en la barra.

y ahí empezó su calvario. el de ambas, la señora y mi madre.

“mamá, ¿has visto que feíííísssima es esa señora?”, alto y claro.

“venga, nena, tómate la croquetita”, mi madre queriéndose morir.

“pero, ¿has visto mamá?”, yo, repitiéndome más que el ajo.

“hija, eso no se dice”, mi madre ya queriéndome matar.

“no se preocupe, no le regañe, si los niños siempre dicen la verdad”, la señora.

así que ahora que se acerca el Día de la Madre: “¡¡¡gracias, mamá!!!”, gritado muy muy alto, por haber salido airosa de aquel momento* inolvidable donde los halla, aquél “tierra, trágame”, que no habrá sido el único, pero seguro está en el podio.

* momento más que merecedor de un #UnGraciasDiferente, este año también tan diferente. y que quien dice un gracias, dice unos auriculares con cancelación de ruido, que, con opción a filtrar según qué voces, ya sí serían el regalo perfecto.

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